lunes 12 de diciembre de 2011

Para el hueón que se ríe de mi

Eran tipos raros. Quizás el azote y la venganza de los hijos bastardos del éxito.
Ahí se sentaban, silentes al estar solitarios, pero descarnados cuando estaban en grupos.
Repito que eran muy raros, se reían de todo y de todos, pero no eran risas normales ni estúpidas, era como risas cargadas de odio, como si se tratase de pensar en planes para asesinarte o algo así.
De pies a cabeza, analizando todo, lucían con sus vestimentas extrañas, sus complexiones únicas, algo endebles, sus cortes de pelo fuera de temporada y sus accesorios que los diferenciaban del resto.
Eran tímidos, pero sin duda no eran estúpidos. Unos genios quizás, o solo yo, con el miedo que me producían los engrandecía en la mente. Se sentaban en la parte de atrás.
No cabía duda que en tiempos pasados ellos eran los rechazados, los golpeados, los insultados e ignorados. Pero ahora eran distintos, más fuertes, mejores. Quizás llevaban bibliotecas enteras y sus lenguas traspasaban las paredes. A veces escuchaba sus murmullos y eran ácidos, me dolían. Ni con mil palizas te podías quitar el veneno que eran capaces de tirar.
No eran tipos duros, pero me asustaban.
Me asustaban mil demonios, carajo.-

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